SALA DE PRENSA

España confía en una alianza tácita con la presidencia checa para que haya un tope europeo al gas en diciembre

El bloqueo al texto de la Comisión deja los trabajos en manos del Consejo, que preside este semestre la República Checa, proclive a la tesis española.

El fracaso absoluto del consejo extraordinario de ministros de Energía de este jueves fue tomado como un éxito por la vicepresidenta tercera del Gobierno español. Teresa Ribera salía «optimista» de Bruselas, dando por hecho que «habrá acuerdo» en diciembre para la imposición de un tope al precio del gas que opere para toda la UE.

Y es que, una vez rechazada de plano la propuesta de la Comisión, el trabajo queda en manos de la presidencia rotatoria del Consejo. Y el ministro checo, Josef Sikela, que piensa parecido al grupo de los 15 rebeldes, será quien lo maneje. Así lo constatan las fuentes europeas consultadas por este periódico.

Quizá por eso Ribera se atrevía a ir más allá y anticipaba que, una vez que entren en vigor las tres patas de la reforma energética en marcha, «no deberíamos ver precios tan altos en los próximos meses». Un vaticinio, acompañado de una amplia sonrisa, que llegaba después, eso sí, de muchos circunloquios llamando a la «prudencia» y constatando la «división», aunque celebrando la «voluntad de acuerdo» y el «compromiso de unidad».

Hay además otros dos síntomas que indican que el nulo resultado práctico de lo acontecido este jueves en el edificio del Consejo lo leía la delegación española con alegría.

El primero, que las fuentes oficiales del Ministerio de Transición Ecológica dejaron de incidir en la «indignación masiva» y el «enfado mayúsculo» con el que se había recibido el documento de Bruselas.

Ahora tocaba hablar de que la «unidad» se demostró en que, a la vista de la posición de fuerza de 15 Estados miembros, «el resto aceptó» su derrota.

El segundo síntoma se había detectado antes de la reunión del Consejo, aunque sólo se conocieron sus detalles horas después.

Al todo o nada

La llegada de los ministros se retrasó algo menos de una hora porque los 15 ‘rebeldes’ habían convocado una cita previa para coordinar estrategias. «En menos de media hora, quedó claro que había acuerdo en todo», explica una fuente presente en la reunión.

Para que en menos de 30 minutos 15 ministros hablen y pacten viniendo de países tan lejanos y situaciones tan diferentes como Francia, Polonia, Italia y España (grandes); Letonia, Lituania, Eslovaquia yRumanía (fronterizos con la guerra); o mediterráneos como Grecia, Malta, Croacia y Eslovenia, entre otros, es porque «todo estaba hablado».

La propuesta de Bruselas había llegado a las cancillerías 24 horas antes y «los contactos fueron constantes entre todos». Llamadas e intercambios de documentos con un solo objetivo: había que parar ese papel. Y la mejor manera era invocar la mayoría de bloqueo para que nada se aprobara si no se podía aprobar todo. O mejor dicho, ya que «no podía aprobarse» todo.

Todo a pesar de la «urgencia» que le corre a las instituciones y a los Veintisiete en las otras dos propuestas que se sometían a evaluación en el Consejo: la aceleración de las inversiones en renovables y la creación de un mecanismo de compra conjunta de gas.

Tanto el ministro checo como la comisaría de Energía, Kadri Simson, celebraron con mala cara que ambos documentos «estén más que acordados por completo».

Y es que el éxito del consenso iba acompañado del bloqueo a su entrada en vigor. «Debemos ser conscientes de que si nuestras economías caen, no podremos ayudar a nuestros socios y amigos ucranianos», remarcó Simson.

Como consecuencia de los «criminales y salvajes» bombardeos de Vladímir Putin, ya son «millones» los ciudadanos que «no tienen calefacción, luz ni agua» en Ucrania

En eso coincidió la presidencia checa, que urgió al consenso «dado que en dos de los tres documentos ya hay acuerdo total y podrían entrar en vigor».

Aunque el ministro Sikela evidenció aún más -con un argumento irrebatible por europeísta- la sintonía de la presidencia checa con la posición española, al añadir que sería «contraproducente» impulsar una carrera de ayudas públicas de los Estados miembros a sus empresas.

Era un toque de atención explícito a Alemania. El plan de Olaf Scholz dotado de más de 200.000 millones en subvenciones para que sus empresas e industrias puedan sobrellevar los altos precios de la energía, ha soliviantado al resto de socios de la UE y explica el porqué de su negativa a un tope al precio del gas más ambicioso.

Presiones cruzadas

Ahora, el retraso de tres semanas hasta el próximo consejo extraordinario de Energía tiene tres efectos. El primero, según las fuentes consultadas, que si son los checos los que pilotan los trabajos es de prever que el acuerdo se parezca más a lo que ambiciona España, en consonancia con el club de 15 rebeldes y su carta del pasado septiembre.

Sobre todo, porque sea o no cierta esa «voluntad de consenso», el tiempo corre en contra de Berlín y Ámsterdam, las únicas capitales verdaderamente satisfechas con las condiciones que planteaba la Comisión. La presión es ahora para Alemania y Países Bajos, pues el 13 de diciembre ya es casi invierno: hará más frío, en esos países ya se han decretado restricciones. Y aunque las reservas europeas de gas están al 94%, todo estará parado hasta que todo esté acordado.

Y ya ha quedado clara la capacidad de bloqueo de una mayoría de Estados miembros insatisfechos con el diseño puesto sobre la mesa por la Comisión. De hecho, hubo hasta coincidencia en la calificación del documento de Bruselas: si Ribera lo tachó de «tomadura de pelo», otros ministros lo calificaron de «broma de mal gusto».

Pero no hay que perder de vista la presión a medio plazo, que vuelve a la Península. El tope al gas pretende ser el mecanismo transitorio que ayude a contener los precios hasta que los Veintisiete reformen por entero el mercado energético, un trabajo que no espera sus primeros pasos antes de la próxima primavera.

Y a finales de mayo decae la llamada «excepción ibérica», cuya vigencia tendría menos sentido el día que haya un precio máximo común para todos… aunque éste, al final, no acabe siendo el deseado por España.

Fuente: El Español